El sector manufacturero concentra el 35,5% de los puestos privados registrados que se perdieron desde noviembre de 2023 y acumula una baja de 89.667 trabajadores desde su último máximo. Textiles, metalmecánica y otras ramas industriales encabezan el deterioro laboral.

La industria manufacturera se consolidó como el sector con mayor pérdida de empleo privado formal durante los últimos años, con una reducción acumulada de 89.667 trabajadores desde agosto de 2023, cuando alcanzó su último máximo. La cifra representa una caída del 7,5% y forma parte de un retroceso general del empleo asalariado registrado: entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 241.176 puestos en el sector privado, de los cuales 85.561 correspondieron a la industria, según datos desestacionalizados del SIPA relevados por la Secretaría de Trabajo.

Dentro del entramado manufacturero, las ramas más afectadas fueron textiles, confecciones, cuero y calzado, que eliminaron 28.088 puestos desde agosto de 2023, con una baja del 23%. La metalmecánica perdió otros 21.384 empleos, mientras que el resto de las manufacturas registró una disminución de 15.368 trabajadores. También se redujeron los puestos en automotores y neumáticos, madera, papel, edición e impresión y las industrias química y petroquímica. En mayo, la industria volvió a perder 3.157 empleos registrados, aunque el ritmo de descenso se moderó frente al promedio de los seis meses anteriores.

El escenario fue definido como de “extrema fragilidad” por los economistas Bernardo Kosacoff y Diego Coatz, quienes señalaron que el deterioro industrial excede al período de la actual gestión y plantearon la existencia de distintos niveles de productividad y competitividad dentro del sector. A esto se suma un avance de la informalidad y del trabajo por cuenta propia, en un contexto donde la recuperación industrial resulta dispar: las actividades vinculadas con la agroindustria y los hidrocarburos muestran un mejor desempeño, mientras varias ramas orientadas al mercado interno permanecen rezagadas. Frente a este panorama, los especialistas plantearon la necesidad de combinar estabilidad macroeconómica, mejoras de productividad y competitividad, acceso al crédito, infraestructura, energía, logística, tecnología y capacitación para avanzar hacia una estrategia industrial más moderna y orientada a una economía abierta.

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