Entre los rubros que registraron mayores aumentos se encuentran la electricidad, el transporte público y los alimentos, todos ellos con un impacto significativo en la economía cotidiana. Estos incrementos afectan especialmente a los hogares de menores ingresos, ya que concentran una mayor proporción de su gasto en estos bienes y servicios esenciales.
La suba de precios de la canasta de los trabajadores durante el primer trimestre alcanzó el 9%, con un impacto más marcado en marzo sobre los hogares de menores ingresos. En ese mes, la inflación fue más alta entre desocupados, con un 3,6%, y entre asalariados no registrados, con un 3,4%, lo que evidencia una mayor vulnerabilidad en esos sectores.
De acuerdo con datos del Instituto de Estadística de los Trabajadores de la UMET y el Centro para la Concertación y el Desarrollo, la inflación de marzo se ubicó en 3,3%, lo que representa un incremento respecto de febrero y el nivel más alto desde septiembre de 2024. El informe también señala una tendencia de aceleración sostenida desde octubre de 2025.
En la comparación interanual, la inflación llegó al 31,5%, mientras que la variación del primer trimestre fue del 9%. El aumento de marzo estuvo impulsado principalmente por factores estacionales y regulados, con fuertes subas en educación, transporte, vestimenta, vivienda y alimentos, incluyendo incrementos significativos en carnes, mientras que frutas y verduras registraron bajas.
El análisis también muestra diferencias según nivel socioeconómico, con mayor impacto en los deciles de menores ingresos, donde la inflación fue superior a la de los sectores más altos. En este contexto, especialistas advierten que los rubros que más suben, como electricidad, transporte y alimentos, afectan en mayor medida a los hogares más pobres debido a su mayor peso en la canasta.





