El aumento de los precios se explica principalmente por una menor disponibilidad de hacienda, consecuencia de la reducción del stock ganadero y de las dificultades productivas generadas por eventos climáticos adversos, como sequías e inundaciones que afectaron distintas regiones del país.
En los primeros meses del año, el precio de la carne registró un incremento cercano al 20%, muy por encima de la evolución general del índice de precios al consumidor, mientras que en términos interanuales el aumento acumulado alcanzó el 73,4%. Actualmente, cortes tradicionales como el vacío o la costilla de primera se comercializan en valores que oscilan entre los 26.000 y 28.000 pesos por kilo, reflejando el fuerte encarecimiento del producto.
El alza estuvo impulsada principalmente por una menor oferta de hacienda, vinculada a la reducción del stock ganadero durante 2024 y 2025. La sequía registrada en 2023 obligó a adelantar ventas de animales, afectando la disponibilidad para los ciclos posteriores, situación que se agravó luego por inundaciones que deterioraron la producción, redujeron los niveles de preñez y generaron nuevas liquidaciones. A esto se sumaron problemas logísticos derivados del mal estado de los caminos rurales, que incrementaron costos y limitaron el traslado de ganado.
La presión sobre los precios también se vio reforzada por la sostenida demanda internacional, que absorbió una porción significativa de la producción local y trasladó los valores externos al mercado interno. La falta de políticas destinadas a recomponer el rodeo profundizó las dificultades para recuperar la oferta, mientras que otros factores productivos, como el costo del maíz, tuvieron una incidencia menor en comparación con el impacto climático y la escasez de animales disponibles. Entretanto, otras carnes mostraron subas más moderadas y el stock ganadero argentino permanece estancado desde hace años, sin expansiones relevantes frente al crecimiento observado en países vecinos.





