La estabilidad del dólar, combinada con un dato de inflación superior a lo previsto por el mercado, generó un desfasaje en la cotización oficial, que quedó más de un 10% por encima del techo de la banda cambiaria establecida. Este escenario alteró las proyecciones de corto plazo y modificó las expectativas sobre el comportamiento del tipo de cambio.
El repunte de los precios en enero y las modificaciones en torno al nuevo índice del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos volvieron a poner a la inflación en el centro del análisis de los asesores financieros de la City, recién regresados del receso. El dato mensual terminó ubicándose en 2,9%, por encima de lo proyectado, mientras que también se alteró el cronograma previsto para presentar la nueva metodología de medición. La aceleración, que se había iniciado en pleno proceso electoral, marcó en enero su octavo incremento desde el mínimo de 1,5% registrado en mayo de 2025, generando cuestionamientos sobre la autonomía técnica del organismo, según informes privados.
Este escenario inflacionario contrasta con una etapa de mayor calma cambiaria. El dólar mostró una baja respecto de diciembre, al tiempo que el Banco Central de la República Argentina acumuló compras por más de USD 2.170 millones en el mercado. En paralelo, descendió el riesgo país, crecieron los depósitos y el crédito en moneda extranjera, y se reactivaron las emisiones de obligaciones negociables, que alcanzaron niveles récord hacia fines de 2025 y comienzos de 2026. La estabilidad cambiaria y la mejora financiera posterior a las elecciones configuraron un contexto más ordenado que el observado meses atrás.
Sin embargo, la combinación de inflación más alta y dólar estable modificó el esquema de tasas de interés. Desde octubre, los rendimientos en pesos superan la evolución del tipo de cambio, pero quedan por debajo del alza de precios. Esto volvió más atractivos algunos activos en moneda local en un marco de menor volatilidad, mientras que el financiamiento en dólares también gana terreno pese a tasas más elevadas que en años previos. En sectores como el agro, el impacto depende de la evolución esperada de los precios, con el ganado en corrección y la leche rezagada frente a la inflación. En el mercado se especula con que la mejora cambiaria y financiera pueda anticipar una desaceleración inflacionaria y una recuperación de la actividad, aunque todavía resta consolidar el acceso al crédito internacional y afrontar un contexto externo incierto en un período clave hacia las próximas elecciones presidenciales.






