La demora en la actualización de la canasta del Índice de Precios al Consumidor obliga a continuar registrando valores de productos que han quedado obsoletos o prácticamente fuera de uso en la vida cotidiana. Esta situación genera cuestionamientos sobre la representatividad de ciertos bienes que aún forman parte de la medición oficial.

La decisión oficial de postergar sin fecha la actualización de la canasta del Índice de Precios al Consumidor, prevista inicialmente para comienzos de 2026, generó una distorsión estadística al seguir utilizando patrones de consumo correspondientes a 2004 para medir la inflación actual. Esta situación implica que el organismo continúe registrando precios de productos prácticamente desaparecidos de la vida cotidiana, mientras varios consumos masivos modernos no forman parte de la medición.

Al basarse en una encuesta de gastos de los hogares de hace dos décadas y en el clasificador oficial vigente, la estructura del índice mantiene bienes y servicios que hoy resultan obsoletos, como equipos de fax, videocassetteras, cintas VHS, disquetes, telegramas, servicios de locutorios, revelado fotográfico y alquiler de películas en formato físico. Incluso se contemplan vehículos de tracción animal como sulkys y carros, lo que evidencia el desfasaje entre la medición estadística y los hábitos actuales.

En contraste, la canasta vigente deja afuera consumos que hoy pesan en el presupuesto, como plataformas de streaming o productos que se popularizaron en los últimos años, además de subestimar el peso de los servicios públicos. Desde el organismo explicaron que estos ítems se mantienen por razones metodológicas y para preservar la comparabilidad histórica, por lo que, ante la falta de precios reales de algunos productos, se utilizan bienes sustitutos hasta que se concrete una actualización integral del índice.

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