La empresa desarrollaba sus actividades productivas en las provincias de Corrientes y Chaco, donde contaba con plantas industriales y una amplia dotación de personal. En ambas jurisdicciones tenía un rol relevante dentro del entramado económico local, por lo que su cierre no solo afecta de manera directa a los trabajadores despedidos, sino también a proveedores, comercios y a la dinámica productiva de la región.
La empresa textil Emilio Alal decidió cerrar sus plantas de producción de hilados y telas ubicadas en Corrientes y Chaco, lo que derivó en el despido de 260 trabajadores. La firma se dedicaba a la elaboración de insumos para la industria del calzado, accesorios y talabartería, además de producir hilados de algodón y telas. La medida se inscribe en un contexto sectorial marcado por un fuerte deterioro de la actividad, comparable con los momentos más críticos de la pandemia.
Los niveles de producción reflejan la gravedad de la situación: en octubre, la utilización de la capacidad instalada del sector cayó al 32,5%, con un retroceso mensual de 4,6 puntos porcentuales y una baja interanual de 15,3 puntos. El cierre de Emilio Alal se suma al de otras empresas textiles que en los últimos meses redujeron su actividad o discontinuaron operaciones, profundizando la pérdida de empleo en la industria.
Con más de un siglo de trayectoria, la compañía atribuyó su decisión a un escenario económico y comercial adverso, signado por el avance de las importaciones, la caída del poder adquisitivo y el aumento de los costos financieros, laborales, energéticos e impositivos. Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, la actividad del sector registró en octubre de 2025 una contracción interanual del 24%, y desde diciembre de 2023 ya se perdieron más de 16.000 puestos de trabajo registrados en todo el país.






