Se trata de los productos que registraron los mayores aumentos de precios como consecuencia de una combinación de factores, entre ellos cuestiones climáticas, problemas de abastecimiento y cambios estacionales que impactaron de manera directa en los costos.
En el inicio del año, la dinámica inflacionaria sigue mostrando resistencia, especialmente en el rubro de alimentos y bebidas, que no logra desacelerarse pese a la retracción del consumo. Tras el registro del 2,8% de inflación en diciembre, el mercado comenzó a poner en duda la posibilidad de llevar el costo de vida a niveles cercanos a cero en el corto plazo, una meta que el presidente Javier Milei volvió a plantear para agosto. Aun así, el cierre de 2025 dejó un dato positivo: la inflación anual fue del 31,5%, el nivel más bajo de los últimos ocho años.
Sin embargo, los alimentos continúan encabezando las subas de precios y se convierten en un obstáculo para una reducción más profunda de la pobreza. De acuerdo con la consultora LCG, en la segunda semana de enero el índice de Alimentos y Bebidas avanzó un 0,5%, impulsado principalmente por el incremento en las verduras, que explicaron más de un tercio de la suba semanal. En ese período, estos productos aumentaron un 2,1%, mientras que los aceites registraron un alza del 1,9%, en contraste con bebidas y lácteos, que ayudaron a moderar el índice general.
Otras mediciones reflejaron una dinámica similar. Para la consultora Eco Go, los precios subieron un 0,8% en la segunda semana del mes, con un fuerte protagonismo de las verduras frescas y congeladas, que mostraron incrementos cercanos al 7%. También se destacaron las subas en aceites y grasas, papa y carnes. Si esta tendencia se mantiene, las proyecciones privadas estiman que la inflación de enero podría ubicarse en torno al 2%.





