Un informe elaborado por una consultora privada comparó los precios de distintos productos en la Argentina con los valores registrados en otros países de América, Europa y Asia. El relevamiento abarcó alimentos, bienes durables, indumentaria y otros rubros de consumo habitual, con el objetivo de determinar si el mercado local resulta más caro o más accesible en términos relativos.

La discusión sobre si la Argentina es un país caro o competitivo frente al resto del mundo volvió a ganar protagonismo en el contexto de desinflación, cambios en el régimen cambiario y una mayor apertura comercial. En ese marco, la Fundación Mediterránea-IERAL analizó el nivel de precios locales de bienes y servicios hacia fines de 2025 y los comparó con mediciones previas del mismo año y con valores internacionales, teniendo en cuenta la evolución de la inflación, el tipo de cambio y la estructura impositiva.

El estudio muestra que, si bien el tipo de cambio real multilateral se ubicó por debajo de su promedio histórico de largo plazo, Argentina aún conserva una posición relativamente más competitiva que en otros períodos de atraso cambiario. Indicadores alternativos, como el índice Big Mac, reflejan una fuerte volatilidad de los precios en dólares: tras haber figurado entre los países más caros a comienzos de 2025, el valor del producto descendió hacia mitad de año y ubicó al país en una posición intermedia dentro del ranking global.

En el rubro de alimentos y bebidas, el informe señala que Argentina resulta más cara en menos de la mitad de los productos relevados, con ventajas claras en bienes asociados a su elevada productividad agropecuaria, como carnes, papas y quesos. En contraste, algunos artículos puntuales, como el agua mineral, presentan precios elevados frente a otros países. En términos generales, el posicionamiento en este segmento es considerado intermedio o relativamente favorable frente a economías de distintas regiones.

La mayor desventaja aparece en bienes durables, indumentaria y calzado, donde Argentina continúa encabezando el ranking de precios más altos en la mayoría de los casos, aunque con una leve mejora respecto de mediciones anteriores. Los altos aranceles, las restricciones comerciales y la presión tributaria interna explican buena parte de esta brecha. En servicios personales y familiares, el país muestra una situación mixta: algunos servicios resultan caros en comparación regional, mientras que otros, como transporte o gimnasios, mantienen valores bajos en dólares, en parte por la incidencia de subsidios estatales.

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