El mayor ajuste se sentirá en las facturas de servicios públicos, especialmente en las tarifas de luz y gas, que registrarán los incrementos más significativos del mes. Estos aumentos volverán a presionar sobre los gastos fijos de los hogares en un contexto de ingresos que no logran acompañar el ritmo de las subas.
El inicio de enero llegará con una batería de aumentos que superarán el ritmo de la inflación, especialmente en los servicios públicos. Las subas más significativas se reflejarán en las facturas de luz y gas, cuyos valores están atados al dólar, y también podrían impactar los combustibles si finalmente se aplica el ajuste del impuesto pendiente desde 2024. A esto se suman incrementos en alquileres, transporte, telefonía y medicina prepaga, lo que vuelve a tensionar el presupuesto de los hogares al comenzar 2026. Mientras algunos analistas creen que la debilidad de los ingresos ayudará a contener los precios, otros advierten que el ajuste tarifario y los movimientos del tipo de cambio podrían acelerar la inflación.
El mayor impacto se sentirá en los nuevos esquemas tarifarios de electricidad y gas sin subsidios. En el caso de la energía eléctrica, el Gobierno anunciará en breve los cuadros actualizados, que implicarían aumentos cercanos al 75 por ciento para los usuarios. En cuanto al gas, el incremento del metro cúbico oscilará entre el 62 y el 81,5 por ciento, trasladando a los consumidores un costo considerablemente más alto que en meses anteriores.
Para los usuarios de mayores ingresos, el precio final del metro cúbico de gas se ubicará en torno a los 259 pesos, mientras que los niveles con subsidios parciales mantendrán descuentos menores a los vigentes hasta ahora. Además, otros rubros también registrarán subas: los alquileres ajustarán más de 36 por ciento según el índice correspondiente, el transporte público tendrá incrementos en colectivos y subte, las prepagas aplicarán aumentos moderados y los servicios de cable y telefonía volverán a actualizar tarifas.
Otro punto clave será el precio de los combustibles, que podría aumentar con fuerza si se aplica el total del impuesto postergado de años anteriores, afectando a toda la cadena productiva y al consumo. En paralelo, los economistas observan señales preocupantes: aun con un consumo deprimido, los precios continúan presionando al alza, impulsados por tarifas, tasas de interés elevadas y tensiones cambiarias. Algunos especialistas prevén que la pérdida de poder adquisitivo tenderá a moderar la inflación en 2026, mientras otros alertan sobre riesgos de inestabilidad cambiaria que podrían volver a recalentar los precios y profundizar el enfriamiento de la economía.






