Un informe técnico elaborado por el investigador José Luis Dalla Gassa expone cómo yacimientos mineros que fueron cerrados en el pasado por razones económicas pueden recuperar su rentabilidad mediante una lógica industrial renovada, la incorporación de nuevas tecnologías y un enfoque estratégico en la producción de metales críticos.
Durante décadas, el debate minero estuvo centrado casi exclusivamente en la exploración de nuevos yacimientos y en grandes proyectos desde cero. Sin embargo, un enfoque alternativo comenzó a ganar relevancia: el de las minas abandonadas o paralizadas que aún conservan recursos, infraestructura y conocimiento técnico. Bajo nuevas condiciones económicas y tecnológicas, estos activos podrían volver a ponerse en marcha y convertirse en una oportunidad concreta para el desarrollo minero.
Esa mirada es el eje del trabajo elaborado por el tecnólogo industrial José Luis Dalla Gassa, quien plantea que el principal desafío para reactivar estas minas no es geológico, sino industrial. Muchas de ellas no cerraron por agotamiento del mineral, sino por precios internacionales bajos, limitaciones tecnológicas, altos costos logísticos o falta de financiamiento. Hoy, con una demanda global creciente de metales críticos y un contexto de precios muy distinto, ese escenario cambió de manera sustancial.
El informe destaca que Argentina cuenta con más de 220 minas inactivas distribuidas en distintas provincias, muchas de las cuales poseen ventajas frente a un desarrollo nuevo: accesos existentes, información geológica previa, infraestructura básica y comunidades con experiencia minera. Además, reactivar una mina requiere inversiones significativamente menores y plazos mucho más cortos que iniciar un proyecto desde cero, lo que reduce riesgos y acelera la entrada en producción.
Según Dalla Gassa, la clave está en aplicar una lógica industrial moderna: revisar procesos, incorporar tecnología, optimizar costos y adaptar la escala productiva a mercados específicos. Desde esta perspectiva, la reactivación de minas abandonadas no solo permitiría ampliar la producción de metales estratégicos, sino también reactivar economías regionales y posicionar al país como proveedor confiable en un contexto global cada vez más competitivo.






