Solo en 2017 el registro anual resultó más bajo que el proyectado para este año, incluso si la inflación de diciembre terminara siendo la más elevada de todo 2025. La evolución del nivel de precios se analiza junto con otros indicadores centrales de la economía, como el desempeño del PBI y los índices de pobreza, que permiten dimensionar el alcance del escenario macroeconómico actual.


Pese a que la incertidumbre electoral y el encarecimiento de la carne presionaron sobre los precios en el tramo final del año, 2025 cerrará con la inflación anual más baja desde 2017. Con un acumulado de enero a noviembre del 27,9% y una variación de diciembre estimada entre 2,5% y 2,8%, el índice anual se ubicará por debajo del 32% en cualquier escenario, incluso si el último mes del año mostrara un registro más elevado. Este resultado contrasta con la dinámica inflacionaria heredada a fines de 2023 y se destaca como uno de los principales logros del actual ciclo económico.

La desaceleración cobra mayor relevancia al compararse con los años previos. En 2023 la inflación alcanzó el 211,4% y durante el período 2019–2023 el alza acumulada superó el 1.100%, en un contexto de recesión persistente. En el primer año de la actual gestión, la inflación se redujo de forma significativa, con una baja cercana a los 100 puntos porcentuales, mientras que la contracción del PBI fue moderada y hacia el cierre de 2024 ya se observaban señales de recuperación. Durante 2025, aunque la inflación mensual volvió a acelerarse desde mayo por el ajuste de tarifas y el aumento del precio de la carne, el impacto fue parcialmente compensado por la apertura importadora, que moderó precios en sectores como indumentaria, calzado y electrodomésticos.

El panorama histórico refuerza la magnitud del dato. En las últimas cinco décadas, la Argentina convivió casi de manera permanente con inflaciones elevadas, salvo excepciones puntuales, y ese proceso estuvo acompañado por un fuerte incremento de la pobreza. La desaceleración actual, si bien requiere consolidarse y complementarse con mejoras en actividad, empleo e ingresos, representa un cambio significativo en una economía marcada por la inestabilidad de precios. Proyecciones privadas anticipan que, de sostenerse esta tendencia, el país podría encadenar varios años consecutivos de crecimiento, algo que no ocurre desde hace dos décadas.

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